3 de diciembre de 2014

EL SIGNIFICADO DE LAS FIESTAS Y CELEBRACIONES


1. ¿CUÁLES SON LAS FIESTAS INFANTILES POR EXCELENCIA?

De entrada podemos decir que los niños sufren mucho si se les priva de días especiales o fiestas que viven como muy suyas, y disfrutan menos de la vida si se les quita la importancia a dichas celebraciones. Y justamente, en la actualidad, sólo los cumpleaños y la Navidad y Reyes siguen siendo los auténticos días infantiles del año. 
Pero podemos hacer una distinción entre estas dos últimas:
Mientras la Navidad (25 diciembre) por ser el día en que simbólicamente se commemora el naciemiento del Redentor del mundo tiene un profundo sentido religioso (que ya comentamos en el programa anterior) y es una de las grandes fiestas cristianas que celebran todos, los Reyes Magos (en nuestra tradición católica) o bien Santa Claus (en la protestante) son fiestas especialemente dedicadas a los niños, donde tradicionalmente estos personajes venían de lejos (Los Reyes Magos de Oriente) y Santa Claus (o el Papá Noel) del Polo Norte para traer, durante la noche de 5 al 6 de enero, regalos a los niños; tradicionalmentes ambos venían en plena noche, y a escondidas los Reyes entraban por la ventana o balcón o Santa Claus bajaba por la chimenea y dejaban sus regalos al lado del pesebre o del árbol de Navidad. Cierto es que en la actualidad tal ocasión se aprovecha para que todos, grandes y pequeños se intercambien regalos: es decir estas fechas se han convertido en el día por excelencia donde todos dan y reciben regalos como símbolo y muestra de amor y buena voluntad, pero inicialmente los presentes fueron destinados sólo a los niños. Y esto tiene su raíz en el pasaje bíblico donde los Reyes Magos van al portal de Belén a adorar al Niño Jesús, siendo sólo a Él a quien traen como presentes incienso, oro y mirra.
En primer lugar, hay que decir que los niños a quienes se les permite creer en los Reyes Magos o Santa Claus y disfrutar a lo máximo de esta creencia experimentaran la Navidad como una época de gran felicidad personal durante toda su vida y además cuando sean adultos y padres, sabrán organizar Navidades gozosas para sus hijos porque los gratos sentimientos de su infancia seguirán aún vivos en ellos.

2. ¿REVELAR “LA VERDAD" SOBRE LOS REYES MAGOS O MANTENER “LA MAGIA INFANTIL”?

Las festividades adquieren su sentido más profundo gracias a los mitos, simbolos en que se basan y que crean un significado o halo mágico a su alrededor. Por eso si, a cualquier de ellas, como por ejemplo los Reyes, la despojamos de su magia, perderá para el niño gran parte de su sentido simbólico e inconsciente: y con esta pérdida, la festividad pierde también los efectos traquilizadores y beneficos: básicamente combaten la ansiedad al abandono y a las privaciones materiales. Así pues quitarle la magia y querer promocionar una racionalidad prematura en el niño, al igula que todas las otras experiencias prematuras no le ayuda para nada y lo deja mal preparado para afrontar en el futuro las dificultades y vicisitudes de la vida.
Pongamos un CASO:
Los padres de un espabilado niño de 6 años decidieron que había llegado el momento de revelarle que Santa Claus no existía. Así que en el momento apropiado de la celebración navideña, cuando Santa Claus hizo su esperada aparición, le dijeron al niño que Santa Claus era una persona que él conocía bien (su tío John). El niño rompió a llorar amargamente y dijo: ¿”Por qué el verdadero Santa Claus no viene a mí?”. Los padres, tan racionales ellos, quedaron estupefactos. No se dabam cuenta que su hijo aún tenía una edad donde se necesita el apoyo de la magia para poder hacer frente a la vida y por eso no podía comprender ni dar crédito a las explicaciones racionales de sus padres y en vez de ello, sentía una privación terrible porque él, precisamente él, no había recibido la visita de la figura mágica “verdadera”. Y aunque le dijeron que a otros niños tampoco los visitaba el Santa Claus verdadero, no consiguieron librarle de la convicción de que Santa Claus sólo le había rechazado a él.
Y esto mismo, diríamos a los padres que nos leen, lo podemos aplicar al caso de los Reyes Magos.
Sucede que cuando se les desvela a los niños quienes son los Reyes Magos, o Papa Noel o Santa Claus demasiado pronto, la mayoría piensa exactamente como el niño del caso que hemos relatado, pero no se atreven a hablar con franqueza de sus deseos o anhelos más profundos de su corazón y sufren grandes angustias porque los verdaderos Reyes o el “verdadero” Santa Claus no les visita, se guardan la pena para ellos y echan en secreto la culpa a sus padres. Pueden llegar a pensar y creer que, por algún motivo, las cosas buenas de la vida, entre ellas los “verdaderos Reyes” pasan de largo por su lado, y pueden llegar a temer que este sea siempre su destino.
Otro CASO:
Una madre le dijo a su hijo que Santa Claus no existía, que sólo era un cuento bonito que la gente cuenta a los niños y luego le habló del “espíritu de dar” cuyo símbolo es la figura de Santa Claus. El niño pareció aceptar la explicación tranquilamente. Pero al cabo de un rato le preguntó: “Mamá, ¿y si la chimenea está encendida cuando Santa Claus baje por ella?”.
O sea que anque parecía que el niño hubiera comprendido las explicaciones racionales de su madre en el fondo continua creyendo y esperando a Santa Claus y estaba precupado de que no se quemara al bajar por la chimenea.
Pues, bien quizás como adultos tenemos que empezar a preguntarnos:
  • ¿Cómo puede alguien esperar que un niño de 5 años crea en la realidad de un “espíritu de dar”, pero no en los Reyes o en Santa Claus, ¡que son espíritus que se pueden ver y tocar!
  • ¿Qué sentido tiene celebrar una festividad infantil si pretendemos que los niños la experimenten desde nuestro marco de referencia adulto? ¿Por qué, si es eso lo que queremos, nos hemos de tomar la molestia de celebrar festividades infantiles?
Es verdad que la madre de este segundo ejemplo (como quizás muchas madres o padres que nos están escuchando) lo único que deseaba era que su hijo fuese feliz y le habia revelado la “verdad adulta” porque no quería mentirle más y también porque temía que otros niños le tomasen por un crío si seguía creyendo en Santa Claus (o en los Reyes, en nuestro caso). Pero en el fondo, pretendía que su hijo avanzara intelectualmente y emocionalmente más de lo que podía avanzar al sustituir a Santa Claus (que es un símbolo infantil) por el espíritu de dar (que es idea abstracta), que el niño empezase a disfrutar de la Navidad como las personas mayores, intercambiando regalos y buenos deseos. Pero esta idea abstracta y actitud adulta jamás pueden sustituir la satisfacción emocional y gozo que proporciona creer en una figura mágica que trae regalos para todos los niños. Porque hay un punto o diferencia básica:
- Recibir regalos de alguna figura mágica (sean los Reyes Magos, Santa Claus o Papá Noel) que no quiere nada a cambio, que no te pide nada: es decir son un acto de amor gratuito; y
- Recibir regalos de amigos o parientes que, como mínimo, esperan gratitud y reconocimiento.
Así, que ningún “espíritu de dar o buen corazón” abstracto puede compararse con los Reyes Magos llegando, con su séquito de pajes, en sus carrozas, caballos o camellos, vestidos con ricos trajes, saludando a todos los niños, haciendo la adoración al Niño Jesús, repartiendo regalos y caramelos por las calles de las ciudades o pueblos; o bien la de Santa Claus bajando por la chimenea. Estas son las imágenes que los niños o ven con sus propios ojos o las ven ilustradas por todas parte durante las fiestas navideñas. Tenemos que tener presente que los niños sólo pueden comprender los conceptos abstractos bajo formas concretas, tangibles, visuales; y para ellos los Reyes o Papá Noel son precisamente el espíritu de dar. Y si bien, para nosotros adultos quizás estos Papas Noel o Reyes callejeros pueden destruir toda la belleza y todo el misterio de la Navidad, para los niños, son en cambio la confirmación de la realidad y omnipresencia del misterio.
No debemos hacerles sufrir una desilusión prematura revelandoles nuestra “verdad” porque seguramente entonces nuestro hijo, durante toda su vida, va a contemplar la Navidad de una manera demasiado racional, sin esos matices emotivos que sólo los viejos recuerdos de las experiencias mágicas de la infancia pueden dar a nuestras vivencias adultas.

3. ¿QUÉ SIGNIFICA PARA EL NIÑO RECIBIR Y ACEPTAR REGALOS DE LOS REYES MAGOS O SANTA CLAUS?

Pues, básicamente creer en los Reyes o en Santa Claus es lo único que les permite a la mayoría de los niños poder disfrutar plenamente de sus regalos. Hay niños que tienen la impresión de no merecer que sus padres les hagan regalos, porque se han comportado mal o por las cosas negativas que han pensado de sus padres. Y la mayoría de niños siente que si reciben regalos de los padres o parientes quedan en deuda con ellos, tienen que mostrarse agradecidos o dar algo a cambio. En cambio, nada de esto  pasa con los Reyes: los niños no piensan mal de ellos y saben que ellos no esperan nada a cambio, es decir, se sienten libres de aceptar sus regalos sin ambivalencia. Y realmente, ningún niño rechaza los regalos de los Reyes o se siente ambivalente en relación con dichos personajes. 
Hay que decir pero que tal vez organizar la Navidad para los hijos y gozar de su creencia en los Reyes era más fácil cuando la festividad no era el tinglado comercial de ahora. El campañas publicitarias y el consumismo exacerbado actual ha hecho que las expectativas de los niños subieran hasta tal punto, que a menudo, la realidad (p.ej. los mismos juguetes) están a la altura de sus fantasias (fantasias promocionadas por spots televisivos), lo cual frusta tanto a los niños como a los padres. La fanfarría/tinglado seduce a los padres y los empuja a hacer por sus hijos más de lo que pueden permitirse tanto a nivel psicológico como económico (gastando más de la cuenta). Años atrás, cuando los regalos eran más modestos, a los padres les resultaba más fácil fingir que los obsequios provenían de los Reyes; pero, en la actualidad, ¿qué pasa cuando se gasta tanto esfuerzo y dinero en comprar esos regalos? Pues, que los padres, a pesar suyo, quieren recibir reconocimiento y gratitud del niño. Y entonces este deseo insconsciente de los padres, este esperar que su niño les de las gracias de alguna manera, sólo hace que su hijo tenga más necesidad de creer en los Reyes, lo cual puede llegar a provocar malentendidos e incomprensiones entre ambos.

4. ¿QUÉ SIMBOLIZAN SANTA CLAUS, PAPÁ NOEL O LOS REYES MAGOS?

Bien, aunque es difícil distinguir qué hay de realidad y qué de leyenda sobre estas figuras: 
1) Santa Claus o Papá Noel deriva de San Nicolás (uno de los santos más venerados tanto en la iglesia oriental como occidental y que se celebra el 6 de diciembre). Parece ser que hubo dos obispos con el mismo nombre de San Nicolás en la antigua ciudad de Mira, en el Asia Menor (uno en el siglo III o IV y el otro el siglo VI) los cual se fundieron en un sólo personaje al cual se atribuían numerosos milagros (salvar a muchos niños de peligros mortales, dar hijos a las parejas que lo invocaban, proteger a las mujeres embarazadas, es decir milagros que tienen que ver con la fertilidad, los nacimientos, el mantener sanos y salvos a los niños.
2) Por otra parte, de los Reyes Magos se habla en los evangelios al narrar el nacimiento de Jesús: parece ser que eran astrónomos-astrólogos que la narración bíblica presenta como personajes ricos y cultos que hacen un acto de reconocimiento de la llegada del Mesias: van a adorarlo al portal de Belén: es como si adorando al Redentor del Mundo adoraran el misterio que entraña todo nacimiento de un ser humano, de la venida al mundo de cualquier niño. 
Bien, esta sería la parte simbólica que deriva tradición religiosa cristiana y que el niño puede aprender si sus mayores se lo enseñan. Pero ¿QUÉ SIMBOLISMOS INCONSCIENTES ESTIMULAN ESTOS PERSONAJES EN EL NIÑO?. Pues a nivel inconsciente básicamente, tanto los Reyes Magos como Santa Claus/Papá Noel representan:
  • La imagen ideal de un padre amoroso que te ama por el sólo y simple hecho de ser niño, que te quiere hacer feliz y no pide nada a cambio. Por eso los regalos que te da son el símbolo por excelencia de ese amor gratuito e incondicional. De aquí que el niño no dude en aceptarlos de buen grado.
  • La imagen del adulto, anciano y sabio, que te reconoce como niño, que valora tu niñez y no te pide ni exige ser mayor, comportarte como mayor: te acepta tal como eres con tus pocos años.
Y justamente este amor y reconocimiento hacia el niño como tal es paralelo y deriva del gozo con que, según nuestra tradición cristiana,  el Niño Jesús fue recibido en el mundo, no sólo por sus padres (la Virgen Maria y San José), sinó también por los pastores y los Tres Reyes Magos. Y el niño interpreta todo ello como señal de que su propio nacimiento fue también deseado, querido, fue un momento de gozo y alegría para sus padres. Porque todo niño se pregunta en algún momento lo que su llegada significaría para sus padres, y a muchos les preocupa saber si fueron bien recibidos o no, si los querían o no. Y en este sentido la Navidad como celebración gozosa de la llegada de un niño por todos, mayores y pequeños, es tranquilizadora: 
Es decir los mensajes que a nivel inconsciente transmiten los Reyes Magos, Santa Claus o la Navidad misma son: "Te quiero porque eres un niño, te acepto como niño" "Todo niño ha sido y será bien recibido porque encarna el misterio mismo de la vida". En general, todas las grandes festividades infantiles (los cumpleaños, onomásticas o santos, la Navidad y Pascua) son días que celebran y commemoran el nacimiento y de esta manera aseguran al niño que su llegada al mundo fue un acontecimiento feliz, deseado por sus padres y su familia. Por eso cuanto más celebremos estas ocasiones o festividades, más seguro podrá sentirse el niño de que es amado.

5. ¿CÓMO CELEBRAR CON MAGIA LA NAVIDAD? O ¿CÓMO CONTINUAR SIENDO UN REY MAGO?

Para que la Navidad o cualquier festividad tenga todo el sentido que ha de tener para el niño, es preciso que intervengan en ella tanto la fantasia como la realidad. 
P. ej.: el árbol de Navidad es a la vez un árbol real pero simbólico: a través del ritual de adornarlo con guirnaldas brillantes, luces de colores, figuritas y paquetes-regalo ese árbol real se transforma en un árbol mágico que simboliza la fecundidad, los dones de la naturaleza, un árbol maravilloso que preside las reuniones familiares, las comidas, entorno al cual Santa Claus o Papá Noel dejaban los regalos.
Otro ej.: el pesebre que recrea, en miniatura, los paisajes de Belén y Oriente, las diferentes escenas que constituyen la narración bíblica de Navidad: el portal de Belén con el nacimiento del Niño Jesús, la cueva de los pastores con el ángel que les anuncia que ha nacido el Mesias, las casitas o aldeas, la adoración de los Reyes Magos...todo con figuritas que los niños pueden mover y recrear esas escenas como si de un pequeño teatro se tratara. Precisamente esto le ayuda al niño a comprender el simbolismo subyacente a la Navidad. 
Pero celebrarlas de verdad, padres e hijos, adultos y niños quiere decir justamente que los adultos podamos transmitir esos mismos mensajes que acabamos de decir, no sólo haciendo recurso a esas figuras mágicas de los Reyes Magos o Papá Noel, del pesebre o del árbol de Navidad,  sino también y sobretodo con nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestra atención y dedicación a los niños durante esos días, y también todos los días del año. Y quizás eso pasa por recuperar nuestro propio niño interno, esa parte de niño que cada uno tiene dentro de sí, para ver de nuevo el mundo con ojos de niño, volver a creer en fantasías y figuras mágicas y emocionarse conjuntamente, y aprender de nuevo a jugar como un niño aunque uno ya sea adulto, y gozar con eso. Porque, ¿cómo vamos a amar y aceptar a nuestros hijos o pequeños como niños si hemos olvidado por completo nuestro niño interior, si no amamos y aceptamos primero ese niño interior nuestro? Recobrar con gozo y asombro, con placer nuestro niño interior para amar y aceptar a nuestros hijos o pequeños, eso es celebrar la Navidad.
BIBLIOGRAFIA:
BETTELHEIM, Bruno (1988). No hay padres perfectos. Barcelona: Grijalbo-Mondadori. (Capítulo 28: ¿No creer en Santa Claus y Cap. 29 El “verdadero”  Santa, el conejito de Pascua y el diablo).